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Me voy a quitar la kipá

Por el Rabino Natan Lopes Cardozo

No se horroricen pero necesito ser sincero. Estoy pensando en quitarme la kipá. No, no se preocupen. No tengo ninguna intención de volverme irreligioso. Lejos está de mí. De hecho quiero ser más religioso y he llegado a la conclusión que mi kipá me impide serlo.

Toda mi vida he tratado de volverme más religioso, i.e. genuinamente religioso, pero hasta ahora he fracasado amargamente. Sí, soy observante, hasta “muy observante.”. Trato de vivir de acuerdo a toda halajá posible. ¡Y por cierto que no es nada fácil!

Pero ése no es mi problema. Mi problema es que no quiero ser observante. Quiero ser religioso, y eso es algo totalmente distinto. Claro, vivir de acuerdo a la halajá es por cierto un componente crucial de ser religioso, pero no es lo que me hace religioso. Ser religioso es darle a Dios entrada a mis pensamientos, mis actos, lo que veo y lo que siento. Es estar constantemente consciente de estar en Su presencia, ver Sus huellas digitales en todas partes y tratar de vivir de acuerdo a esto.

La halajá debería un recordatorio constante, un llamado a estar atento a Él, aún en medio de nuestros mundanos quehaceres diarios. ¿Pero lo es? Debería enseñarnos que es necesario que hasta nuestras trivialidades se conviertan en sagradas y dignas de Dios, de modo que nuestros actos más comunes lleguen al Cielo. ¿Pero logra esa meta? La halajá es un la vestimenta exterior de un proceso espiritual interior que debe ser estimulado por esos mismísimos actos halájicos. Volverse religioso es enfrentar oposición, hasta de uno mismo – es atreverse, desafiar. La forma de llegar a Dios es por medio de la guerra espiritual, y todo lo que podemos esperar es captar una fugaz visión de su existencia. Es una búsqueda que está siempre en curso. Como dijo una vez el Kotzker Rebe, si no puedes ganas, debes ganar. Sólo un pionero puede ser el heredero de una tradición religiosa. La fe está supeditada al coraje del creyente. Ésta es la tarea de la halajá. Enseñarnos como enfrentarnos a nosotros mismos cuando estamos de pie en la presencia de Dios y nunca rendirnos, aún frente a todas las dificultades. Ser digno.

Pero para muchos judíos observantes, la religión significa vivir con seguridad y paz mental. Esto es la “monotonía de la observancia,” un condicionamiento religioso, que convierte a la religiosidad genuina y a la experiencia de Dios en una farsa. La gente le tiene más miedo a la halajá de lo que ama a Dios. La halajá es un reto para el alma no su tranquilizador.

Ahora me doy cuenta que una de las principales razones de mi fracaso en ser religioso es mi kipá. Déjenme explicar. Quiero ponerme mi kipá, pero me doy cuenta que para eso me la tengo que quitar. No quiero usarla. Quiero ponérmela como un audaz acto religioso, una declaración a Dios que deseo vivir en Su presencia. No como una condición espiritual sino como un acto de elevación y de grandeza moral.

El problema está en que mi kipá ya no transmite este mensaje. Su principal mensaje debería ser perturbar, pero cada mañana cuando me levanto de la cama me la pongo, después desaparece en mi inconsciente. Siempre está en mi cabeza por lo tanto nunca está ahí.

Cuando me empecé a interesar en el judaísmo y pensé sinceramente en “probar,”.empecé a cubrirme la cabeza cuando iba a la sinagoga y cuando comía, hasta me atreví a estar sentado con mi kipá cuando comía algo rápido con mi amigo no judío en el Gymnasium, el liceo, al que iba en Holanda. No había más nadie de origen judío aparte de mi querido hermano y quizás una persona más. Estaba muy consciente de mi kipá. Necesitaba quitármela para que siempre que me la pusiera otra vez la sintiera en mi cabeza. Esto era muy emocionante. Estaba sucediendo. Me hacia sentir orgulloso, y me sentía lleno de temor reverencial. Mi kipá me recordaba que había Alguien por encima de mí. Si, me alteraba existencialmente. Me hacía sentir maravillosamente inquieto. ¡Que sentimiento magnífico y majestuoso! ¡Vivir en la presencia de Dios! Creo que tenía un poco de miedo. Mis manos temblaban cuando me la ponía. No por lo que dirían mis amigos no judíos (fueron muy comprensivos), sino por lo que yo sentiría. ¡Qué responsabilidad y privilegio!

Ahora, 45 años después, estoy tan acostumbrado a mi kipá que he desarrollado una relación de amor-odio con ella. En realidad, me doy cuenta que perdí mi kipá hace muchos años, en el momento que decidí usarla todo el tiempo. Ya no está en mi cabeza para recordármelo a Él. Sólo está ahí, quieta, un objeto sin sentido, que tiene poco que ver con mi intento de ser religioso. Simplemente ha desaparecido de mi vida. Así, que siento que estoy “encubriendo” algo, una situación deprimente. Es muy doloroso, y no hay ningún rabino o psicólogo capaz de ayudarme. La mayoría ni siquiera entiende de qué estoy hablando.

Pero en el fondo conozco el remedio. Necesito quitármela, necesito dejar de usarla y ponérmela otra vez sólo de vez en cuando. Sólo entonces la reconocería otra vez como mi amiga. Me sentiría inspirado. Me recordaría una vez más que hay Alguien por encima de mí y que es un privilegio vivir en Su presencia. Me ayudaría a ser realmente religioso y no solamente “observante,” que no es nada más que continúo aburrimiento. Si me quitará mi kipá, cobraría vida otra vez, como cuando probé en mi juventud. Tendría una relación con ella y empezaría a quererla otra vez. ¡Y eso me gustaría mucho!

¿Pero puedo hacerlo? Halajicamente no hay ningún problema. Hay suficientes opiniones para permitirme caminar por ahí con la cabeza descubierta sin tener que ponerme la kipá nunca. Es verdad, el gran Rabi Iosef Karo (1488-1575), dictamina en su “Shuljan Aruj” que (1) que se debe tener la cabeza cubierta siempre, pero nada más ni nada menos que el gran Gaón de Vilna (1720-1797) no está de acuerdo con este dictamen. (2) Basando su punto de vista en el Talmud en Kidushin 31ª, nos informa que no hay obligación jamás de tener la cabeza cubierta. Ni siquiera cuando rezo, digo una bendición o estudio la Torá. De hecho el Talmud nos recuerda que cubrirse la cabeza es “sólo” middad jasidut, un acto piadoso, pero no una obligación. (3) De algún modo es necesario que sea espontáneo, debido a una reverencia a Dios. (Ni siquiera es seguro que el Gaon de Vilna se cubriera la cabeza.) Lo que los sabios talmúdicos claramente tenían en mente era que cuando nos ponemos una kipá nuestras almas deberían sentirse muy emocionadas y estimuladas. Después de todo, eso es la verdadera piedad. Pero ahora que se ha convertido en una obligación, está comenzando a perder justamente esa cualidad. Y aunque nuestros antepasados que eran gente con mucha alma, pueden haber sido lo bastante espirituales como para obtener inspiración del acto aún cuando se convirtió en un imperativo, la mayoría de nosotros ya no sentimos esa vivencia de elevación espiritual. ¿Quién de nosotros puede afirmar que un sentimiento de piedad crece dentro de nosotros cuando la usamos todo el tiempo? Lamentablemente, en vez de que la kipá nos ayude a ser piadosos, se ha convertido ahora en un obstáculo. Se ha convertido en contraproducente. Necesitamos deshacernos de ella para que podamos volver a colocárnosla como un acto profundamente religioso.

¿Pero que dirán mis nietos cuando su abuelo haya dejado de usar kipá? ¿Qué pasará con su religiosidad? ¿Entenderán ellos que han sido criados en una sociedad profundamente “observante” en la cual el quitarse la kipá es un acto de herejía y un signo de descarado secularismo lo que su abuelo tenía en mente? ¿Se convertirán en más religiosos ellos cuando vean a su abuelo con la cabeza descubierta y cubriéndosela sólo ocasionalmente? ¿O llegarán a la conclusión que puesto que su abuelo ya no se toma el judaísmo tan en serio, ellos pueden seguir mi ejemplo? Me muero de susto al pensar en las consecuencias. Pueden ver el acto como una rebelión contra lo que más amo: el judaísmo. ¿Les ayudará si les digo mis razones? ¿Comprenderán alguna vez? ¿Volverme más religioso quitándome al kipá? Me da escalofríos pensar en eso.

Pero no sólo son mis nietos los que me preocupan. Son también mis estudiantes y mis amigos que pueden no entender por qué decidí lo que decidí, y por consiguiente pueden comenzar a ser indulgentes en su compromiso con el judaísmo y en el uso de la kipá. ¿Comprenderán que cuando se quieren quitar la kipá porque les “molesta”, o porque es más agradable caminar con la cabeza descubierta, o porque no quieren ser considerados demasiado judíos deberían usarla todo el tiempo? ¿Entenderán que la diferencia entre ellos y yo es que ellos se la quieren quitar y yo me la quiero poner?

La historia no termina aquí. Hoy en día la kipá es un poderoso símbolo de identidad judía que no puede ser subestimado. Es una afirmación del orgullo de ser judío, del valor y compromiso de vivir con una misión. ¡Y si hay algo que quiero es vivir como un judío orgulloso de serlo! De modo que ¿me la dejaré a pesar de mis objeciones?

Que difícil que es mi elección ahora que se ha convertido en costumbre que los criminales israelíes se pongan una kipá durante su juicio para causarle una buena impresión al juez. ¿Quiero andar en malas compañías y juntarme con los que se burlan de Dios? (4) Como diría Cervantes, “Dime con quién andas y te diré quien eres.” Todavía recuerdo con cariño los días en que aquéllos que usaban kipá eran considerados personas rectas.

Así que ¿qué haré? No lo sé. Quizás la solución es usar una kipá shkufa, una kipá transparente, que nadie excepto el Rey del Universo pueda ver. ¿Pero me ayudaría eso en mi búsqueda de la religiosidad? Necesito tener la cabeza descubierta aunque use la kipá todo el tiempo. ¿Quién hubiera supuesto que algo tan simple como una kipá se convertiría en un problema religioso de considerable magnitud? Nada menos que Spinoza dijo que todas las cosas nobles son tan difíciles como raras. (5) ¿Se estaría refiriendo a su antigua kipá? ¡Bendita sea su cabeza!

 
  1. Oraj Jaim 2:6
  2. Biur HaGra, Oraj Jaim 8:6
  3. Es muy conocido que muchos rabinos ortodoxos del pasado no se cubrían la cabeza. En la famosa escuela ortodoxa en Frankfurt am Main fundada por el Rabino Sansón Rafael Hirsch (1808-88), los estudiantes estaban sentados con la cabeza descubierta cuando estudiaban temas seculares. La famosa autoridad halájica de reputación internacional, el Rabino Dr. David Tzvi Hoffmann (1843-1921), contaba la siguiente historia. Cuando fue a visitar, con la cabeza cubierta, al Rabino Hirsch, éste le dijo que se la sacara puesto que sería considerada una falta de respeto. Algunos sostienen que el Rabino Hirsch usaba una peluca y que no siempre se cubría la cabeza. Para un estudio informativo: “Yarmulke: A History cover-up” (Iarmulke: un encubrimiento de la historia,” por Dan Rabinowitz en Hakirah, “Flatbush Journal of Jewish Law and Thought, Volume 4: Winter 2007, pp. 221-235.
  4. Ver Salmos 1:1
  5. Ética: la última oración
  6. Las implicaciones de este corto ensayo van mucho más allá de la Kipá. Tocan la naturaleza misma del judaísmo y de la halajá. Espero volver a este tema en ensayos posteriores.

Fuente: www.cardozoschool.org/show_article.asp?article_id=665&cat_id=1&parent_id=1&subcat_id=33&cat_name=Jewish Thought and Philosophy&subcat_name=Man, God and the Torah

Traducido por Ría Okret

 
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