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Introducción a Rosh Hashaná

¿Cuándo comienza el año? El Talmud nos dice que observamos el Año Nuevo cuatro veces: el primero de nisan es el Rosh Hashaná de los Reyes y de las festividades de peregrinación. El primero de Elul es el Rosh Hashaná para el diezmo de los árboles. El primero de Tishrei es el Rosh Hashaná para computar los años y el 15 de Shevat es el Rosh Hashaná de los árboles frutales. (Rosh Hashaná 1:1). Una teoría sugiere que el Rosh Hashaná que se avecina puede haber tenido sus raíces en una antigua costumbre babilónica que tenía lugar alrededor de esta altura del año como una celebración de una cosecha abundante y una forma de renovar la obediencia al trono.

Los judíos, que estuvieron exiliados ahí en ese tiempo, retornaron a Israel trayendo prestada esta costumbre, pero transformaron la obediencia al trono en obediencia Dios, el verdadero Rey. Los Rabinos de la Mishná llegaron a la conclusión de que el primero de Tishrei es cuando Dios es coronado como Rey otra vez y cuando otra vez juzga al mundo, renovando la vida o sentenciando a muerte. Los Rabinos decidieron que este día del juicio era la cabeza del año, y tomándolo como punto de referencia, prosiguieron a establecer el calendario judío.

Como mes séptimo, Tishrei también se convierte en el Shabat de los meses con su preocupación por el descanso y la renovación; como leemos en el libro de oraciones: “y el séptimo día cesó en su trabajo y descansó (vainafash)”. Del mismo modo el motivo central de Rosh Hashaná es más bien de renovación que de un nuevo comienzo.

Conmemoramos la renovación a través de la mitzvá de Teshuvá-arrepentimiento. Hacemos un inventario de nuestro comportamiento durante el pasado año, decidimos que es inadecuado y hacemos votos de hacer cambios para el Año Nuevo. También celebramos Rosh Hashaná oyendo los toques del Shofar. El llamado a despertar y arrepentirse. Echemos una mirada un poco más profunda. La raíz hebrea de Teshuvá quiere decir volverse o volver; implica volverse hacia Dios. Debemos descartar la noción de Dios como un viejo en el cielo mirando hacia abajo y juzgando nuestras acciones. Para ser un poco más sofisticados, volverse hacia Dios es volverse hacia dentro; hacia nuestro se interior nuestras sensaciones, emociones y pensamientos. Cuanto más profundizamos más nos acercamos a Dios.

¿En qué forma podemos luchar contra las cualidades negativas de nuestras personalidades? La respuesta está en los tres temas del servicio de Musaf de Rosh Hashaná: Dios como Rey—el reconocer a Dios como Rey, Recordar—explorar nuestro consciente para conocernos a nosotros mismos, y el Shofar-la trompeta israelita que nos conecta con los sucesos del Sinai y el temor y reverencia que provocan en nosotros. Del Talmud Rosh Hashaná 3:8 leemos “Y aconteció que mientras Moshé tenía alzada su mano, vencía Israel, mas siempre que bajaba su mano, vencía Amalek” (Éxodo 17:11) ¿Pero podían las manos de Moshé influir en el resultado de la batalla? El versículo quiere enseñarnos que siempre que los israelitas dirigían sus pensamientos a lo alto y mantenían a sus corazones sujetos a su Padre en el cielo, prevalecían; de otro modo eran derrotados”.

No basta con decidir que uno quiere cambiar su mal comportamiento. Se necesita una profunda introspección, llegar a las profundidades de nuestra personalidad (adquirir auto conocimiento) y reconocer a Dios como el verdadero Rey y sanador.

Le-shaná tová tikatevu. Que puedan ser inscriptos para un buen año.
 
Rabino Daniel Kripper
 
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