El holocausto de todos
Por Goel Pinto
Cuando llegó Pesaj, la madre de Alfonso Reginiano sacó dos huevos duros que había guardado durante tres meses, desde su llegada al campo de Bergen-Belsen, y los cortó en 21 pedazos, uno para cada miembro de la familia. Reginiano, que había nacido en Libia y sobrevivido al campo de concentración nazi, cuenta de la humillación y del hambre que experimentó en la película documental “Hashoá HaLo Nodaat Shel Iehudei Tsfon Africa” (El Desconocido Holocausto de la Judería de África del Norte), que fue transmitido en el Canal 1 de Israel el 4 de mayo.
Shalom Arbiv, también un nativo de Libia, que sobrevivió al campo de Sidi Azaz, cuenta acerca de su transferencia al campo, situado a 100 kilómetros de Trípoli.
“Mataron a gente a balazos como a moscas,” testifica en la película, “y los apalearon sin piedad.”
La historia de la judería libia es también es el tema de “Mitripoli Lebergen Belsen” (De Trípoli a Bergen-Belsen), que también fue transmitido el mismo día, en el Canal Yes. La película comienza con una escena del juicio de Adolfo Eichmann, pero a diferencia de muchas películas sobre el Holocausto, estas películas fueron hechas para relatar la historia de aquellos cuyos testimonios fueron considerados superfluos para el juicio del criminal alemán.
“Cuando la judería del Norte de África quiso contar su historia en el juicio de Eichmann,” dice la Dra. Irit Abromsky-Bligh de la Autoridad del Memorial del Holocausto de Iad Vashem, “se les dijo, ‘Uds. no pertenecen a esta historia.”
No hay comparación
“De Trípoli a Bergen-Belsen,” dirigida por Marco Carmel, es la primera de dos películas documentales combinadas bajo el titulo, “Sheilá Shel Zman” (Una Cuestión de Tiempo.) Las dos películas, ambas de alrededor de una hora de duración, tratan de la suerte de la judería de África del Norte durante la II Guerra Mundial. La segunda película, “Goral Meshutaf” (Destino Compartido), dirigida por Serj Ankari, sigue las tribulaciones de los judíos de Marruecos, Argelia y Túnez. Las dos películas plantean muchas preguntas, la primera de las cuales es como es que tantos israelíes no saben que el poderío alemán se extendió hasta África del Norte.
Esta pregunta hace a las dos películas tanto más importantes. Los directores se enfrentaron a dificultades que no las tienen los directores de documentales acerca de las experiencias de los judíos europeos. Mientras que las películas acerca del Holocausto europeo – que son parte de un contexto histórico conocido – pueden concentrarse en las historias personales, los testimonios y las experiencias, Ankari y Carmel tuvieron que crear una documental dedicada en gran parte a la historia – a establecer el contexto general – y por lo tanto pudieron dedicarse menos a los testimonios personales.
El titulo del programa combinado, “Sheilá Shel Zman,” ilustra el hecho que si los alemanes hubieran continuado su conquista, la judería de África del Norte hubiera corrido la misma suerte que la judería europea. El autor y periodista Claude Sitbon dice en la película, “¿Qué nos pasó a nosotros, comparado a [lo que les pasó] a 6 millones de judíos, de quienes un millón eran niños; como se atreven a comparar esos números con sus cientos de muertos? Desde mi punto de vista, y esto es lo más importante, está la necesidad la primordial necesidad de la sociedad israelí de decir: El problema nazi es un problema del pueblo judío. Si esto hubiera sido mencionado en los ’50, no nos hubiéramos convertido en alienados en Israel. Quizás la judería tunecina fue salvada, pero no debemos olvidarnos del plan general de los nazis.”
La película de Carmel presenta la experiencia de la judería libia, la mayoría de la cual fue enviada al campo Jado en su propia patria. Con la invasión italiana de Libia, la ciudadanía de los judíos fue revocada y fueron sometidos a nuevas reglas que involucraban la revocación de sus derechos básicos. Después de la victoria Aliada en Libia, parecía que la judería libia había sido salvada – a pesar que muchos habían muerto en los bombardeos de los británicos – pero después el ejército italiano regresó y transfirió a los judíos al campo Jado.
Jado no era un campo de muerte, dice Abromski-Bligh, pero muchos de los ahí encarcelados, principalmente los de ciudadanía británica, fueron enviados a Bergen-Belsen. Muchos de los judíos que quedaron en Jado perecieron, en su mayoría de tifus, que arrasó al campo. La película explica que una de las razones por las cuales no todos fueron transferidos a campos de exterminio en Europa fue que los nazis temían que los judíos traerían enfermedades consigo.
“Me concentré en Libia, dice Carmel, “porque los nazis realmente tomaron posesión del país, y hubo muchos campos de concentración y muchas personas enviadas a Bergen-Belsen. A pesar que estos fueron números diferentes, mucho más pequeños que las cantidades con las que estamos familiarizados en el Holocausto europeo. Igual fue un Holocausto. En la película no citó números, o cuento los muertos y los heridos, para no cuantificar la muerte. Para mí era importante subrayar lo que sucedió ahí y proporcionar una visión más amplia del Holocausto del pueblo judío. No mencioné en absoluto la memoria del Holocausto europeo; sólo digo que estuvimos ahí también.
En “Goral Meshutaf,” Ankari presenta la experiencia de los judíos en el noroeste de África –Marruecos y Argelia, y principalmente Túnez. La judería marroquí no se vio afectada por el Holocausto, de acuerdo a la película, pero los judíos argelinos perdieron su ciudadanía con la promulgación de las leyes de Vichy en 1940. Unos 120.000 judíos, que hasta ese entonces se habían considerado franceses, se vieron afectados.
“El día en que esto fue anunciado,” testifica Ruth Sajar, nacida en Argelia, en la película, “me fui caminando a casa del colegio y pensé, “¿No somos franceses? Tengo una sola opción – el suicidio.”
Muchos judíos argelinos se enlistaron en el movimiento antinazi clandestino. Consideraban al presidente de la Francia Libre, Charles de Gaulle como su líder, mientras que los franceses cristianos de Argelia se identificaban con el Mariscal Pétain. La mayoría de los árabes se alegraron con la llegada los alemanes.
“Alemania fue descrita como una potencia anticolonialista, antifrancesa y antibritánica,” dice el historiador Michel Abitbol. “Eso era suficiente como para que la población árabe estuviera a favor de Alemania.”
Fue más amargo el destino de la judería tunecina. Fueron transportados a unos 10 campos de trabajo y esclavizados como trabajadores forzados. Excavaron zanjas para las fuerzas alemanas, construyeron puentes y sufrieron terriblemente bajo el yugo alemán. La comunidad judía se vio forzada a suministrar infraestructura, comida, calefacción y otras comodidades a los alemanes y sus prisioneros.
“Los judíos pobres fueron enviados a los campos y a trabajos forzados, mientras que los judíos ricos dieron dinero y evitaron correr esa suerte,” dice un testigo.
“¿Por qué no huyeron?” le pregunta el entrevistador a un testigo, como se les ha preguntado a los sobreviviente una y otra vez a través de los años, hasta en el juicio a Eichmann. “Temíamos por nuestras vidas,” contesta el testigo.
La película explica que la distancia de Europa, de los ojos vigilantes de Eichmann y Himmler, ablandó a los alemanes. Un testigo contó de un soldado austriaco que le dio su sobretodo cuando mencionó el frío y el hambre. También está el testimonio de Yvette Saadon, que se crió en Túnez y vivió el Holocausto como niña.
“Fue una linda experiencia,” recuerda. “Nos escondimos y nos buscaban. Cuando huimos vimos animales y cabras y pollos, lo que para nosotros era una experiencia nueva.”
¿Había o no cámaras de gas?
La película también se ocupa de las afirmaciones que se estaban construyendo cámaras de gas en los suburbios tunecinos. “Yo no vi nada,” dice un testigo, “pero la gente me contó que se estaba construyendo cámaras para quemar a los judíos.”
“No hubo ningún intento de construir campos de exterminio,” dice el historiador Haim Saadon de la Universidad de Tel Aviv. “No encontramos ningún documento a esos efectos.”
“Muchos me criticaron,” dice Ankari, “diciendo que expreso una posición y afirmo que no había cámaras de gas en Túnez. Yo no digo eso. Traigo a tres testigos que afirman que habían [cámaras] y a un historiador que dice lo contrario. Hasta fuimos a Túnez a filmar, en el lugar donde [los alemanes] estaban ostensiblemente construyendo cámaras [de gas].”
El interés de Ankari por la historia de la judería de África del Norte durante el Holocausto se despertó cuando un viejo tunecino le dijo que había habido un campo de concentración cerca de la casa de su abuelo en Túnez.
“Antes de esto no tenía la más remota idea de que habían habido campos de concentración ahí,” dice Ankari. “Esto es lo que hace tan importante a la película. Claro está que el Holocausto en África del Norte no fue como el Holocausto en Europa; no hay comparación posible. Pero es importante que la gente sepa que los alemanes llegaron a África del Norte. Aún quienes saben acerca de Rommel y Montgomery no saben que la Gestapo estuvo ahí, y no sabe que hubo campos de concentración.
Inyección Letal
Las tres películas – la del Canal 1, dirigida por Yifat Kedar, y las dos que emite Yes – nos brindan una imagen que combina los hechos históricos, suministrados por Carmel y Ankari, con las dolorosas historias personales presentadas por Kedar.
Además de de las experiencias de Reginiano y Arbiv, la película de Kedar incluye el testimonio de Bruria Dados, una sobreviviente de Jado. Habla acerca de su luna de miel en el campamento, con su marido, y acerca de su beba de dos meses que murió.
“Murió enseguida después que le dio una inyección el doctor del campamento,” recuerda con los ojos llenos de lagrimas. “Pienso en ella todo el tiempo.”
El testimonio más horrible en la película es dado por la figura muy borrosa de un hombre no identificado, que relata como fue violado por un alemán.
“Me agarró por el cuello,” dice el hombre, “Me dolió. Para mí, no soy ya un hombre. Solía ser inteligente. Ya no lo soy. No soy nada. Espero que nadie me reconozca. Nadie debe saber esto hasta que me muera.”
“Durante la edición,” cuenta Kedar, “recortamos su testimonio porque contenía descripciones crudas, sexualmente gráficas. Esta fue la primera vez que contó su historia, y al final de su testimonio le dijo al director de la entrevista, Amnon Binyamin, ‘Espero no verte nunca más en toda mi vida, porque tú conoces mi historia más intima.”
Reparaciones Tardías
Ninguno de los cineastas acusa a nadie de ocultar la historia de la crítica situación de la judería de África del Norte.
“Podría haber hecho toda una película acerca de por qué les llevó décadas recibir el dinero que se les debía y porque no se les dio nada,” dice Carmel,”pero no quería hacer las cosas peores de lo que ya eran. Me resultó importante hacer el primer filme que destacaba esta parte de la historia. Más adelante, se pueden y deben hacer más películas acerca del tema.”
Kedar dice que muchos de los testigos que ella entrevistó contaron sus historias por primera vez.
En “Sheila Shel Zman” se ofrece una contestación parcial al motivo por el cual los testigos no habían hablado hasta ahora. El esfuerzo por integrarse a la sociedad israelí fue demasiado grande, explica el filme. La discriminación y la política del crisol fueron especialmente duras para las comunidades de África del Norte. En esencia, sus nuevos problemas les hicieron olvidar los viejos. Hasta los ’70, nadie tomó en cuenta lo que había pasado “ahí.”
Los sobrevivientes tampoco hablaron de sus experiencias en sus hogares.
“¿Qué les voy a enseñar, a ser ovejas como nosotros?” respondió un testigo cuando se le preguntó porque nunca le había contado a su familia. “Tengo que darles la fe de que tienen suficiente fuerza y habilidad para cambiar.”
“¿Por qué se los iba a contar? Preguntó otro. “¿Para hacerlos sentirse mal? Déjenlos vivir sus jóvenes y hermosas vidas.”
Una de las hijas de la segunda generación, cuya madre había sobrevivido el Holocausto en Libia, dice, “Cuando menciono que mi madre estuvo en el Holocausto, nadie me cree.”
Va imagen Haaretz chica adjuntada
Traducido por Ría Okret